La maduración como proceso de conformación de la identidad

El período de la adolescencia abarca aproximadamente los años que van desde los diez hasta los veinte años. El proceso más importante en esta fase de desarrollo es dar forma a su propia identidad. La búsqueda intensiva de quién eres, qué quieres y hacia dónde vas, requiere de un joven un gran compromiso, esfuerzo e implica cometer muchos errores.

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El éxito, que consiste en desarrollar un fuerte sentido de la propia identidad, es la base de una autoimagen estable, un nivel relativamente alto de autoaceptación, una actitud optimista hacia uno mismo y hacia los demás, la resistencia a la presión social, la capacidad de combinar brevedad. planes a plazo y largo plazo y tomar decisiones sin vacilaciones excesivas. Junto con el desarrollo de la propia identidad, también se forma un sentido de responsabilidad por las acciones propias y la capacidad de estar en una relación cercana, tanto emocional como físicamente.

Teóricamente, se asume que el proceso de formación de la identidad tiene lugar en varias etapas. Sin embargo, no todas las personas pasan por las mismas etapas una a una, algunas pueden saltarse, puede haber un retorno a las etapas anteriores y, finalmente, no todas logran alcanzar el nivel de identidad plenamente madura.

Inicialmente, entre los doce y los catorce años, los padres pueden observar que sus hijos se vuelven letárgicos y no muestran interés en el resto de sus vidas. Durante este tiempo, los jóvenes a menudo son muy egocéntricos, desorganizados en sus actividades, se distraen fácilmente, se aburren y, a menudo, cambian sus formas de actividad. El papel de los padres y maestros en esta etapa de la formación de la identidad debe ser principalmente el de apoyar a los niños adolescentes. Al mismo tiempo, es importante establecer límites y requisitos claros y no sucumbir a las provocaciones de los jóvenes.

La siguiente etapa puede ser la voluntad del adolescente de adoptar actitudes e ideas sobre la vida de otras personas que son importantes para él. Alrededor de los catorce años, un joven cansado de "buscarse a sí mismo" a menudo utiliza los pensamientos de otras personas y considera sus planes para la futura profesión, creencias sociales y religiosas como propios. Va acompañado de la idealización de personas y grupos con los que el adolescente se identifica. Durante este tiempo, es importante que los padres alienten a sus hijos a reflexionar haciendo preguntas e iniciando conversaciones y discusiones. Los adultos también deben expresar sus opiniones de manera consistente y firme, pero sin violar la dignidad y las emociones demasiado fuertes hacia el niño.

Como resultado de las decepciones relacionadas con la aceptación de ideas y actitudes de otras personas, en la siguiente fase de formación de la identidad, el joven comienza a buscar activamente lo que le conviene, lo que es coherente con sus propios pensamientos. La tarea de la parte adulta de la sociedad es asegurar que la oferta seleccionada por los adolescentes sea segura, atractiva y diversa.

Después de un período de búsqueda activa, un joven tiene la oportunidad de lograr una identidad madura, es decir, de decidir y comprometerse con quién quiere ser, cómo quiere vivir, qué hacer profesionalmente. Esta etapa no siempre aparece ni se alarga con el tiempo. En la actualidad, el cuidado excesivo e incomprendido de los padres por los hijos adolescentes retrasa el proceso de independencia y es cada vez más frecuente que las personas que cumplen treinta años logran una identidad madura.

Los niños adolescentes tienen una tarea difícil y autocontradictoria que realizar, que consiste en independizarse gradualmente de sus padres y mantener un vínculo con ellos al mismo tiempo. El período de la adolescencia no tiene por qué estar asociado con la rebelión, no tiene por qué ser turbulento y difícil. Los jóvenes en su búsqueda de autonomía no necesariamente tienen que negar y oponerse a todo lo que los adultos dicen o que antes les importaba. La condición para el éxito es la existencia y el mantenimiento de un vínculo emocional satisfactorio entre los niños y los padres. Los adultos deben apoyar a los jóvenes adolescentes involucrándose en su mundo de tal manera que les permita comprender y brindar una orientación adecuada a la situación. Es importante que el concepto de compromiso no signifique moralizar, reprender constantemente y "dar consejos" que solo consideren lo que piensa un adulto. Cuanto más esfuerzo pongan los padres en criar a sus hijos en las primeras etapas de desarrollo, mayores serán las posibilidades de que se conviertan en figuras de autoridad para sus hijos a medida que crezcan.

A medida que crece, las relaciones con sus compañeros se vuelven más importantes que nunca. Los jóvenes pasan más de la mitad de su tiempo con sus compañeros, sus amistades se vuelven cada vez más íntimas, se confían cada vez más secretos, son cada vez más adeptos a reconocer sentimientos, valoran cada vez más la lealtad y la confianza. Todos estos cambios facilitan que un adolescente se libere gradualmente del cuidado de sus padres y gane independencia.

Texto: Agnieszka Rumińska

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