Nictofobia

El miedo a la oscuridad es una parte natural y pasajera de la infancia para muchos de nosotros. Sin embargo, cuando no pasa con la edad y comienza a obstaculizar el funcionamiento normal de un adulto, quizás estemos ante una nictofobia, es decir, un miedo patológico a la oscuridad. Como cualquier fobia, la nictofobia puede tratarse. En primer lugar, sin embargo, vale la pena comprenderlo para combatirlo de manera más efectiva en la vida cotidiana.

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¿Por qué le tememos a la oscuridad?

La nictofobia, a veces llamada skotofobia o acluofobia, es un miedo aterrador a la oscuridad que realmente influye en las decisiones que toma la víctima. De esta forma, puede interrumpir el funcionamiento normal, por ejemplo, provocando alteraciones del sueño o la imposibilidad de salir de casa después del anochecer. Por lo tanto, esta fobia aparentemente inocente puede reducir seriamente la comodidad de vida del paciente.

La mayoría de los niños pequeños muestran síntomas de nictofobia y no se consideran un signo del trastorno. Hay al menos dos razones para esta situación. Primero, es muy probable que estemos genéticamente predispuestos a temer a la oscuridad. El cerebro humano evoluciona mucho más lento que la civilización y, por lo tanto, todavía está adaptado para funcionar en condiciones tales como personas primitivas, para quienes la oscuridad significaba una amenaza real, por ejemplo, de los depredadores. El cerebro de un niño aún tiene que aprender que ya no necesita enviar una señal de socorro en ausencia de luz. Ciertamente no es más fácil gracias a la enorme imaginación de los niños. Incluso se puede decir que los niños no le temen tanto a la oscuridad como a los fantasmas, monstruos, etc., cuya existencia imaginan.

Por supuesto, un adulto con noctofobia también puede justificar su ansiedad de manera similar. En lugar de criaturas fantásticas, puede tener miedo a la oscuridad debido al miedo a un ataque de robo o incluso a la falta de visibilidad del terreno. La mayoría de los adultos, sin embargo, encuentran común superar estos miedos, a diferencia de los que sufren de nicofobia, que encuentran el miedo a la oscuridad paralizante.

No hay una sola razón para esto, porque todos están condicionados de manera diferente. Sin embargo, los expertos señalan las siguientes razones más comunes para la aparición de nictofobia:

  1. Un miedo infantil a la oscuridad mal trabajado. En este caso, el adulto en cierto sentido nunca deja de temer a la oscuridad, generalmente porque sus padres no lo ayudaron a acostumbrarse adecuadamente.
  2. Experiencia traumática relacionada con la oscuridad. Puede provenir tanto de la infancia como resultado de, por ejemplo, ser encerrado en la oscuridad por los padres como castigo, y puede surgir en la edad adulta, si, por ejemplo, alguien fue atacado en un callejón oscuro.

¿Cómo afecta la nictofobia a una persona enferma?

Como hemos dicho, para un Nycophobic, el miedo a la oscuridad es un factor que tiene en cuenta en muchas de sus elecciones diarias. El comportamiento típico de las personas con nictofobia es dormir con la luz encendida, entre otras cosas. Este hábito puede parecer trivial, pero en realidad causa graves alteraciones en el ritmo circadiano del cuerpo. Esto, a su vez, causa una serie de complicaciones, que incluyen trastornos endocrinos y depresión.

Un síntoma característico de la nictofobia es el miedo anticipatorio, es decir, sentir miedo incluso cuando se siente la posibilidad misma de la ocurrencia del factor que se siente. Por lo general, se asocia con la acumulación de ideas sobre la situación que se avecina. De esta forma, se perturba el funcionamiento del paciente en sociedad, que, por ejemplo, se niega a visitar el cine o subirse a un ascensor por temor a que pueda fallar repentinamente.

Una vez que se llega a una situación en la que el Nyctophobic está en un lugar oscuro, puede ocurrir un ataque de pánico severo. Aparecen entonces síntomas psicosomáticos, como aumento de la frecuencia cardíaca, dificultad para respirar, escalofríos, náuseas e incluso pérdida del conocimiento. En casos extremos, tales síntomas ya se desencadenan en la fase de ansiedad anticipatoria.

¿Cómo curar la nictofobia?

Los síntomas de la nictofobia ciertamente no se aliviarán con acciones sobre factores más allá de la mente del paciente, como poner muchas cerraduras en la puerta o comprar gas pimienta. En el peor de los casos, pueden incluso reforzar la fobia del paciente, desenrollando una espiral de obsesión. El método más seguro para lidiar con la nictofobia es la psicoterapia. Los tipos más utilizados son:

  1. Terapia implosiva en la que el paciente se expone repentinamente a la fuente de su ansiedad en condiciones controladas. Obligado a lidiar con una situación extrema, debe aprender que la oscuridad no tiene por qué tener miedo.
  2. La desensibilización es otra forma de terapia implosiva en la que el nictófobo se habitúa gradualmente a la oscuridad.
  3. La terapia cognitivo-conductual, por otro lado, asume que el miedo a la oscuridad es solo un síntoma de conflictos internos profundamente arraigados. Por tanto, el terapeuta trabaja en toda la personalidad del paciente para resolver de forma conjunta el problema que provoca los síntomas de ansiedad.
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